martes 1 de diciembre de 2009

Amor imposible

Hace algo más de una semana el Parlamento vasco pidió que la Vuelta y la selección española volvieran a Euskadi. Y digo yo, es triste que unos cuantos políticos tengan que hablar sobre deporte en su horario laboral. Ya está bien de tanto nacionalismo de boina, metralleta y pandereta que tanto daño nos está haciendo cuando vamos a dar una vuelta por tierras españolas. Los países tipo condado o minifundio son propios de la Edad Media. En fin, no hay más ciego que el que no quiere ver.

Estamos en un país con una tasa altísima de paro, somos los que menos estudiamos, los que tenemos más fracaso escolar, etc. Parece que lo más importante es que cada uno sea un señor feudal. Sigamos mirándonos el ombligo.

Yo no entiendo mucho de Historia, de Geografía o Política. Sólo juzgo lo que veo, como cualquier persona. No entiendo qué pasa en este país (entiéndase España) pero algo se habrá hecho mal o muy mal para que haya tanta gente que no se sienta español. Esto del problema independentista también lo tienen en Francia con los corsos, bretones y normandos; con los escoceses e irlandeses del norte, los británicos; con los quebequeses, los canadienses; con la liga norte, los italianos; con chechenos, los rusos; con los flamencos, los belgas francófonos; con los tibetanos, los chinos... En fin, que en todas partes cuecen habas así que dejémonos de tonterías.

El hecho de que la selección juegue en el País Vasco debería ser algo normal, pero claro, a los españoles no nos va ese tipo de normalidad. Somos algo más retorcidos. Nos va más la locura y ondear los trapitos de colores. Yo os deseo mucha suerte en vuestras aspiraciones. Mientras tanto seguiré viendo los toros desde el Norte de España. Agur, adeu, adiós.

martes 3 de noviembre de 2009

Buscando el equilibrio perfecto

A veces hasta la mejor de las personas toma decisiones precipitadas, malas decisiones, decisiones de las que somos conscientes que nos arrepentiremos a la mañana siguiente. Lo único que te reconforta es pensar: "Por lo menos me he lanzado." Algo en nuestro interior decide hacer una locura que sabemos que se dará la vuelta y nos morderá el culo. Aún así decidimos hacerlo de todos modos.

Recogemos lo que hemos sembrado, nos devuelve nuestros actos. Estoy hablando del Karma. De una forma u otra nuestro Karma nos obligará a enfrentarnos a nosotros mismos, podemos mirarlo a los ojos o esperar a que nos ataque por la espalda. En realidad no podemos quejarnos de nuestro Karma, no es injusto, no es inesperado, sólo iguala la balanza. Incluso cuando estamos a punto de hacer algo, el Karma siente tentaciones de mordernos el culo. El problema es que nos da igual.

Peléate con el árbitro, cambia las reglas, haz trampas. No olvides tus heridas, pero juega como si no hubiera un mañana. No se trata de ganar o perder sino de cómo juegas.

viernes 30 de octubre de 2009

El reloj de mi abuelo

Tenía un vecino bastante mayor que sacaba a pasear a su perro todos los días. Ya podía estar lloviendo o nevando, el hombre salía a las nueve de la mañana por el parque de al lado de casa. Nunca iba de bares ni a andar con ningún amigo. Su vida era su perro. Era tal el caso que las conversaciones en el ascensor se reducían a las hazañas de su compañero, cosa que yo agradecía pues hay gente que no sabe más que hablar del tiempo.

Con el tiempo el perro empezó a cojear y dejó de ladrar. Su dueño se compró un bastón y cada vez había que hablarle más alto por la sordera. Hasta que un día el perro murió de tan mayor que era y al hombre ya no lo volví a ver más por ahí.

A veces nos aferramos tanto a alguien o a algo que, cuando llega el día en el que desaparecen, nos quedamos tan solos que somos incapaces de seguir caminando por nuestra cuenta.

martes 20 de octubre de 2009

Beber hasta los posos

La comunicación es una de las primeras cosas que aprendemos en la vida. Conforme vamos creciendo, empezamos a asimilar palabras y aprendemos a hablar. Pero cuanto más avanzamos menos sabemos qué decir o cómo pedir lo que queremos de verdad.

Hay palabras que evitamos escuchar. A veces hablamos porque no podemos estar callados más tiempo. A veces hablamos porque no hay alternativa. Y, no siempre, pero de vez en cuando, algunas cosas hablan por sí solas.

lunes 12 de octubre de 2009

Entre colchas y mantas

Me gustan las mantas. Todo es perfecto en el mundo "mantuno". Es oscuro, sólo caben dos, y además puedes jugar con el frío si asomas tus pies de vez en cuando.

En los días de invierno me gusta rodearme con una de ellas y andar por casa enmantada. El café es gran amigo de esas tardes. Llevo un par de días bajo una de ellas y me he dado cuenta de que se está muy a gusto escondida, hasta que llega el momento en el que sobran los eufemismos y es hora de dejar de lavarse la boca con jabón.

Nos gusta fingir que somos fríos y que no tenemos miedo a nada. En realidad, todos tenemos una manta para esconder la debilidad, la fragilidad, el miedo. No conozco a nadie a quien no le persiga algo, o alguien. Aunque intentemos esconder el dolor en un armario o bajo una manta, solemos fracasar. El único modo de sacudirse las telarañas es pasar página, o dejar que la propia historia descanse.